Tu móvil te está robando los matices: Cómo recuperar el gusto, olfato y tacto en la era del ChatGPT con Qimen Dunjia
Resumen ejecutivo (para el que tiene prisa):
▶
El problema: Pasamos de 6 a 10 horas diarias frente a
pantallas. Esto embota el tacto, olfato y gusto por un mecanismo neurológico
llamado “atrofia por desuso sensorial“.
▶
Lo que dice la ciencia: El estrés digital ya es considerado un
problema de salud pública. Afecta al sueño, la concentración, la empatía y la
capacidad de disfrute.
▶
La solución en 3 niveles: Tacto (60 segundos al despertar),
olfato (kit de 5 aromas casero), gusto (ejercicio de la fruta única).
▶
El plus de Qimen Dunjia: Identificarás qué “Puerta” (error conductual) te impide avanzar, usando el método del
Oráculo en 5 minutos.
▶
Tiempo necesario: 7 días para notar cambios. 15-20
minutos diarios en total.
Prueba esto ahora mismo. No lo pienses,
hazlo. Cierra los ojos durante diez segundos. Primero, lleva tu mano al borde
de la mesa o al reposabrazos de la silla. Desliza los dedos lentamente.
¿Sientes la textura? ¿Es lisa, rugosa, fría, cálida? Ahora, sin abrir los ojos,
recuerda el sabor de lo último que hayas comido o bebido hoy. ¿Puedes
distinguir un solo matiz? ¿Un toque ácido, amargo, picante? Por último, inhala
profundo. ¿Qué olores hay en la habitación donde estás leyendo esto?
Si después de este breve ejercicio has
descubierto que no sentías nada con claridad, te tengo malas noticias y una
buena. Y la mala es que tu móvil y tus interacciones diarias con la
inteligencia artificial te están robando la riqueza del mundo. La buena es que
aún estás a tiempo de recuperarla. Este artículo es el primer paso para volver
a saborear, oler y tocar como solías hacerlo antes de que las pantallas
secuestraran tu atención.
El síndrome de la pantalla embotadora
Lo llamo “el síndrome de la pantalla embotadora” y, aunque no aparece
todavía en los manuales de psiquiatría, los psicólogos clínicos ya le han
puesto un nombre técnico: estrés digital. Los científicos definen este fenómeno
como “la conjunción de negativas
consecuencias de la excesiva interacción con los dispositivos: ansiedad,
problemas de sueño, fatiga, distracción y disminución de la empatía“. Y
advierten: ya es considerado un importante problema de salud pública.
Las cifras son escalofriantes. El adulto
medio pasa entre seis y diez horas diarias frente a pantallas digitales.
Smartphones, tabletas, ordenadores y relojes inteligentes se han convertido en
prótesis inseparables de nuestra existencia. Nos ayudan a trabajar, comunicarnos,
entretenernos e incluso vigilar nuestra salud. Pero esa comodidad tiene un
precio oculto: una influencia silenciosa pero poderosa sobre nuestro sistema
nervioso.
¿Cómo se manifiesta ese desgaste
invisible? Los científicos identifican varios mecanismos que actúan en cadena.
El primero
es el miedo a perderse algo, conocido como síndrome FOMO. Las notificaciones de
mensajería, redes sociales, noticias y aplicaciones generan la ilusión de que
debemos estar permanentemente conectados. La consecuencia es una ansiedad
creciente si no revisamos el teléfono cada diez o quince minutos. A esto se
añade un sentimiento de culpa por responder con retraso o por no atender una
llamada. Los psicólogos lo llaman “síndrome
de disponibilidad constante” que es la expectativa social de estar siempre
localizable genera una tensión interna crónica que erosiona el sistema
nervioso.
El segundo
mecanismo es el asalto a nuestro sueño. La luz azul de las pantallas inhibe la
producción de melatonina, la hormona que regula el descanso. Treinta minutos de
desplazamiento por un feed antes de dormir bastan para alterar nuestros ritmos
circadianos. Las consecuencias son una cascada de deterioro: despertares
nocturnos frecuentes, sensación de cansancio al levantarse incluso tras dormir
muchas horas, irritabilidad, caída de la productividad y empeoramiento del
estado de ánimo. Y lo más preocupante: la falta de sueño eleva los niveles de
cortisol, la hormona del estrés. El resultado es una espiral descendente que
termina en lo que los científicos describen como “conciencia nublada” que es un estado en el que incluso las tareas
sencillas parecen complejas.
El tercer
mecanismo es la sobrecarga del sistema de recompensa. Cada “me gusta“, cada mensaje, cada notificación, cada vídeo breve
activa una pequeña descarga de dopamina, el neurotransmisor del placer. El
cerebro se acostumbra a esta estimulación constante y termina exigiendo dosis
cada vez mayores. Los especialistas hablan de “adaptación dopaminérgica” cuando la persona encuentra difícil experimentar
alegría sin el estímulo digital. Las fuentes naturales de satisfacción, como
por ejemplo, una conversación cara a cara, un paseo o la creación manual, pierden
su capacidad de gratificar.
A todo esto se añade el ruido digital y la pérdida de concentración. La multitarea ante las pantallas
(escuchar un podcast mientras se responden mensajes y se consulta el correo) se
ha normalizado, pero el cerebro no está diseñado para procesar tanta
información simultánea. La atención se vuelve fragmentaria, la fatiga aumenta,
y la capacidad de mantener el foco durante períodos prolongados se atrofia.
Consecuencias: Esto no es solo “aburrimiento“, es pérdida de humanidad
Podrías pensar: “Bueno, no pasa nada por no distinguir matices. Sigo funcionando”.
Pero las consecuencias del embotamiento sensorial van mucho más allá de no
disfrutar una fruta o un aroma.
Primera consecuencia:
empobrecimiento de las relaciones. Los científicos describen un fenómeno
paradójico: a pesar de estar permanentemente comunicados, muchas personas se
sienten más solas que nunca. La comunicación virtual desplaza a la interacción
presencial, donde importan los gestos, los tonos de voz y el contacto físico.
El fenómeno de la “soledad rodeada de
información” se extiende. Además, la escritura de mensajes nos
insensibiliza ante los matices emocionales del otro: es más fácil no percibir
su estado anímico, no reaccionar a señales sutiles. Esto genera malentendidos,
conflictos y una progresiva erosión de los lazos sociales.
Segunda consecuencia:
dificultad para regular las emociones sin pantallas. Cuando tu principal fuente
de regulación emocional es el móvil (ver vídeos para calmarte, revisar redes
para distraerte, comprar online para sentir placer), pierdes la capacidad de
auto-regular te con recursos internos. El tacto de una tela agradable, el olor
de una infusión, el sabor de una comida cocinada con calma... todo eso eran
herramientas de regulación emocional antes de que las pantallas las volvieran
invisibles.
Tercera consecuencia:
pérdida de la capacidad de asombro. La sobreestimulación constante eleva el
umbral de lo que consideramos “suficientemente
interesante”. Una puesta de sol, el olor a tierra mojada, la textura de una
fruta madura... todo eso se vuelve “aburrido”
comparado con el ritmo trepidante de lo digital. Y cuando el asombro
desaparece, la vida se vuelve gris.
Tu cerebro no está roto. Simplemente, se
ha desentrenado en unas áreas y se ha sobreentrenado en otras. La buena
noticia, y la razón de ser de este artículo, es que lo que el uso excesivo
desconfiguró, el entrenamiento consciente puede revertirlo. Y ahí es donde
entran los tres niveles prácticos que veremos a continuación.
Nivel 1: Despertar táctil — La rebelión de las
manos
Antes de hablar de olores y sabores, hay
que volver a lo más básico: el contacto físico con el mundo. El sentido más
infrautilizado en la era digital es, paradójicamente, el que más nos conecta
con la realidad: el tacto.
En mi análisis del estrés digital,
propongo algo que suena sencillo pero es provocador que es sustituir los hábitos digitales por analógicos. No se trata de
demonizar la tecnología, sino de crear pequeños espacios de resistencia táctil
a lo largo del día. Donde antes deslizabas un dedo por una superficie de vidrio
fría y anónima, ahora vas a buscar texturas reales, irregulares, vivas.
El ejercicio de los 60 segundos al despertar
La primera batalla por tu soberanía
sensorial se libra nada más abrir los ojos. Antes de tocar el móvil (sí, antes
de desactivar la alarma, antes de revisar notificaciones), haz esto:
▶
Apoya
las palmas de las manos sobre la sábana. No la acaricies: presiona. Siente la
trama de la tela. ¿Es suave? ¿Áspera? ¿Fresca? Quédate ahí diez segundos.
▶
Toca
la almohada con los dedos. Describe mentalmente tres palabras sobre su textura.
Por ejemplo: “esponjosa, cálida, con
bultos pequeños”.
▶
Desliza
los dedos por la pared junto a tu cama. ¿Es lisa? ¿Tiene la textura del yeso?
¿Notas las imperfecciones? Cinco segundos.
▶
Por
último, frota tus manos entre sí con energía durante diez segundos. Cierra los
ojos y concéntrate en la fricción, en el calor que generas.
Este ritual de 60 segundos no es una
tontería New age. Es un anclaje
sensorial. Le estás diciendo a tu cerebro: “El
mundo real comienza aquí, no en la pantalla”.
El compromiso de los 7 días
Durante la próxima semana, antes de
tocar el móvil al despertar, realiza el ritual de los 60 segundos descrito
arriba. Si te es útil, anota en un papel (sí, en papel —otro gesto analógico)
qué texturas te produjeron más calma.
Nivel 2: Reeducación olfativa — El mapa
perdido de los aromas
Si el tacto era tu frontera con el
mundo, el olfato es tu memoria más antigua. Antes de que existiera el lenguaje,
antes de las pantallas, antes de la escritura, tu cerebro ya usaba los olores
para detectar peligro, encontrar comida y reconocer a los tuyos. Por eso el
olfato conecta directamente con el sistema límbico, el centro emocional del
cerebro. Sin traducción, sin análisis, sin filtro racional.
Y justo por eso, la era digital lo ha marginado
por completo.
¿Cuándo fue la última vez que un olor
fue relevante para tu trabajo?
¿Para tus interacciones con la IA?
Los asistentes virtuales no huelen. Las
notificaciones no tienen aroma. El algoritmo no sabe a nada.
Recuperar el olfato es, en este sentido,
un acto de reconexión social silenciosa.
El kit casero de 5 aromas
Para este ejercicio necesitarás cinco
aromas básicos. No compres nada especial si no quieres: seguro que ya los
tienes en casa.
El ejercicio (5 minutos al día, durante 7 días):
▶
Elige
un momento del día en el que no tengas prisas. Por la mañana, antes de encender
el ordenador, es ideal.
▶
Toma
el primer aroma. Acércalo a la nariz, cierra los ojos.
▶
Inhala
lenta y profundamente durante 5 segundos. Aguanta 2 segundos. Exhala durante 5
segundos.
▶
Mientras
inhalas, haz tres preguntas en silencio:
“¿Qué recuerdo me trae este olor?” (No juzgues la respuesta, solo
obsérvala).
“¿Qué emoción me provoca?“”(Alegría, nostalgia, calma,
incomodidad... todo vale).
“¿Dónde siento este olor en mi cuerpo?” (¿En el pecho? ¿En la garganta? ¿En el
estómago?)
▶
Repite
con cada uno de los cinco aromas. No más de 30 segundos por olor.
Al cabo de los 7 días, notarás que tu “paleta olfativa” se ha vuelto más fina.
Empezarás a distinguir matices en el café de la mañana, en el perfume de un
desconocido, en el aire después de la lluvia.
Nivel 3: Entrenamiento gustativo — El sabor de
la presencia
Llegamos al último nivel, y quizá el más
íntimo. El gusto no es solo un sentido: es el guardián de la nutrición y el
termómetro del placer cotidiano. Cuando el gusto se embota, la comida se
convierte en combustible anónimo. Cuando se agudiza, cada bocado puede ser un
pequeño ritual de conexión con el presente.
Al hablar del estrés digital, piensa en
un fenómeno preocupante: la “adaptación
dopaminérgica”. El cerebro, acostumbrado a la estimulación constante de las
pantallas (me gusta, notificaciones, vídeos breves), pierde sensibilidad a las
fuentes de placer más lentas y naturales. Comer despacio, saborear, distinguir
matices... todo eso se vuelve “aburrido” comparado
con el ritmo trepidante de lo digital.
El entrenamiento gustativo es, en
esencia, una desintoxicación de la dopamina rápida. Y también una forma de
volver a habitar el propio cuerpo.
El ejercicio de la fruta única
Elige una fruta que te guste, pero que
no comas a menudo. Puede ser una manzana (pero no la típica Golden, que es
amarilla), una piña, una naranja, unos higos si es temporada. El ejercicio dura
15 minutos y solo requiere esa fruta.
▶
Paso 1: La vista (2 minutos)
Observa la fruta como si nunca la
hubieras visto. Su color: ¿es uniforme? ¿Hay zonas más claras y más oscuras? Su
forma: ¿es perfecta o tiene imperfecciones? Su superficie: ¿brilla, es mate,
tiene vello? No la toques todavía. Solo mira.
▶
Paso 2: El tacto (2 minutos)
Ahora tómala con las manos. Siente su
peso. ¿Es más pesada de lo que esperabas? ¿Más ligera? Acaricia su piel. ¿Es
lisa? ¿Áspera? ¿Cede ligeramente al apretar? ¿Hay zonas más blandas?
▶
Paso 3: El olfato (3 minutos)
Acércala a la nariz. Huele la piel
primero. Luego, si es posible, raspa ligeramente la superficie con la uña y
huele de nuevo. ¿Cambia el aroma? Ahora, si la fruta lo permite (una naranja,
una manzana), clava ligeramente la uña y huele la grieta. Notarás cómo el aroma
se intensifica.
▶
Paso 4: El gusto (8 minutos, tómate tu
tiempo)
Córtala (o pélala) con calma. Observa su
interior. Antes de comer, huele la pulpa. Ahora, da un primer mordisco pequeño.
No mastiques inmediatamente. Mantén el trozo en la boca durante 10 segundos.
Deja que la saliva lo empape. ¿Qué sabores básicos detectas? ¿Dulce? ¿Ácido?
¿Amargo? Muy raramente el umami aparece en frutas, pero a veces sí.
Ahora mastica lentamente, prestando
atención a:
▶
La
textura en la boca: ¿crujiente? ¿harinoso? ¿jugoso?
▶
Los
cambios de sabor a medida que mastica: ¿el dulce se vuelve más intenso?
¿aparece un ligero amargor al final?
▶
La
temperatura: ¿está más fría o más caliente de lo que esperabas?
Traga y espera 10 segundos. Nota el
retrogusto: ¿queda algo del sabor en tu garganta? ¿Cuánto dura?
Si quieres llevar el ejercicio más allá,
repite con el mismo tipo de fruta en tres momentos diferentes del día: por la
mañana (en ayunas), después de comer (con el paladar ya estimulado) y antes de
dormir. El sabor cambiará. Eso es la sensibilidad gustativa en acción.
El desafío de los 7 días para el gusto:
Durante la próxima semana, comprométete
a:
▶
Una
comida al día sin ningún tipo de pantalla (ni móvil, ni televisor, ni
ordenador).
▶
Aplicar
el ejercicio de la fruta única al menos una vez.
Qimen Dunjia aplicado: El Oráculo de 5 minutos
para detectar qué estás haciendo mal
Has llegado hasta aquí. Has leído los
tres niveles. Quizá incluso has empezado a practicar alguno. Pero te surge una
pregunta legítima: “Vale, hago los
ejercicios, pero... ¿qué estoy haciendo mal? ¿Por qué a veces avanzo y a veces
me estanco?”
La metafísica china tiene una
herramienta perfecta para esta pregunta. Se llama Qimen Dunjia (奇门遁甲) , y es uno
de los sistemas oraculares más precisos que existen. Si quieres saber más, en
este blog hay más artículos sobre el tema. Pero no necesitas ser un experto
para usarlo. De hecho, a continuación te propongo un método llamado “5 minutos con el Oráculo” que responde
directamente a la pregunta: “¿Qué estoy
haciendo mal?”
Aquí te explico cómo funciona de manera
sencilla. Y lo mejor: puedes aplicarlo a tu entrenamiento sensorial (y a
cualquier otra área de tu vida).
El método en 4 pasos (para que lo hagas hoy
mismo)
▶
Formula
la pregunta en silencio: “¿Qué estoy
haciendo mal en mi entrenamiento sensorial?“ (o “¿Qué me impide recuperar mi gusto/olfato/tacto?”).
▶
Observa
tu entorno o tu momento: En Qimen, el Tronco Celeste de la hora representa la
situación actual. No necesitas calcularlo ahora. Basta con que tomes conciencia
de cómo te sientes justo ahora frente a este artículo (¿frustrado? ¿disperso?
¿con ganas de empezar pero sin saber cómo?).
▶
Identifica
la “Puerta“”que resuena contigo:
Según la tradición Qimen, hay 8 Puertas que describen los errores típicos de
las acciones humanas. Lee la siguiente lista y elige la que más te describa en
este momento.
▶
Aplica
la solución específica que te propongo para cada Puerta.
Las 8 Puertas del Qimen: ¿Cuál es la tuya?
Lee con atención. Es muy probable que a continuación
consigas la descripción exacta de lo que te pasa.
Cómo usar este oráculo en tu día a día
No necesitas una brújula Luopan, ni una
tabla de Troncos Celestes, ni un cálculo complicado. Sólo consigue una
calculadora Qimen en línea. Si no la tienes aún, aquí en mi blog yo te dejé
algunos links. El Qimen, en su versión más práctica, es un espejo de tus
patrones de conducta.
Ejercicio diario de 5 minutos (para integrarlo
con los niveles sensoriales):
▶
Antes
de empezar tu entrenamiento diario (tacto, olfato o gusto), pregúntate en
silencio: “¿Qué estoy haciendo mal hoy?”
▶
Lee
las 8 Puertas de la tabla anterior.
▶
Elige
la que más resuene con tu estado actual (no la que “te gustaría” que fuera, sino la real).
▶
Aplica
la solución específica que te propongo para esa Puerta.
▶
Solo
entonces haz el ejercicio sensorial correspondiente.
Este pequeño ritual convierte tu
entrenamiento físico en un trabajo de autoconocimiento profundo. El Qimen no te
dice “eres malo”. Te dice dónde está
el atasco. Y te da la llave para desatascarlo.
Un ejemplo real para que veas cómo funciona
Imagina que hoy has intentado hacer el
Nivel 1 al despertar, pero te has quedado mirando el techo sin ganas, y al
final has cogido el móvil “solo para ver
la hora“. Te preguntas “¿qué hago
mal?” y consultas la tabla.
Ves que la Puerta del Descanso (休) te describe: “demasiadas pausas, postergaciones, esperas”.
La solución te dice: “usa la técnica de
los 2 minutos“.
Al día siguiente, en lugar de obligarte
a hacer el ritual de 60 segundos (que te parece demasiado), te dices: “solo 2 minutos”. Empiezas. A los 30
segundos ya estás con las manos en la sábana. A los 2 minutos, decides seguir
hasta completar el ejercicio. Has desbloqueado el atasco.
Eso es Qimen aplicado. Sencillo, directo
y efectivo.
Para cerrar: Tu soberanía sensorial está en
tus manos
Tacto, olfato, gusto. Tres niveles, tres
semanas (o tres días, según tu ritmo). No necesitas más para notar un cambio.
El mundo real, el que está fuera de la pantalla, nunca se fue. Solo se había
vuelto tenue. Ahora empiezas a verlo, olerlo, saborearlo y tocarlo de nuevo.
Si has llegado hasta aquí, eres de los
pocos lectores que van más allá del título. Gracias. El Qimen Dunjia no es para
todo el mundo, y lo respeto. Pero si este método del “Oráculo de 5 minutos” te ha resonado, te animo a que lo pruebes.
No necesitas creer en nada. Solo necesitas observar qué Puerta aparece en tu
vida cada día. Con la práctica, empezarás a reconocer tus patrones
automáticos... y a desactivarlos.
Un último consejo práctico: Elige solo
uno de los tres niveles sensoriales para practicar durante los primeros 7 días.
No hagas los tres a la vez. Es mejor profundizar en uno que saltar entre ellos.
Y cada mañana, antes del ejercicio, haz la pregunta del Qimen: “¿Qué estoy haciendo mal?” Deja que la respuesta (la Puerta) te guíe.
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compártelo con alguien que también pase muchas horas frente a una pantalla. Y
si quieres seguir recibiendo herramientas como esta (combinando psicología,
neurociencia y el Qimen Dunjia), suscríbete al blog usando el formulario de la
columna derecha. No escribo sobre todo. Escribo sobre lo que realmente nos hace
humanos. Y eso, ninguna IA puede reemplazarlo.
Tu móvil te ha estado robando los
matices. El Qimen te muestra dónde te equivocas para tratar de recuperar lo
perdido. Ahora ya sabes cómo restituir el control. Así que no esperes más.
¡Manos, nariz y lengua a la obra!
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