Neuromodulación y reparación del trauma: el nervio vago como vía clave de integración cuerpo-mente

 

 



 

Introducción

 

El nervio vago, también denominado décimo par craneal o nervio neumogástrico, constituye una estructura anatómica singular dentro del sistema nervioso periférico. Es el único de los doce nervios craneales cuyo territorio de inervación se extiende mayoritariamente fuera de la cabeza, descendiendo desde el tronco del encéfalo a través del cuello y el tórax hasta alcanzar las vísceras abdominales. Su trayecto abarca desde el músculo estriado de la laringe y la faringe hasta el músculo liso del tubo digestivo, el corazón y los pulmones, estableciendo una conexión directa entre el cerebro y los órganos internos. Esta característica anatómica lo convierte en el principal canal de comunicación bidireccional entre el sistema nervioso central y las vísceras, transmitiendo señales motoras descendentes y, de manera predominante, información sensorial ascendente sobre el estado de los órganos internos.

 

Las investigaciones de las últimas décadas han revelado que el nervio vago desempeña un papel central en la regulación de la inflamación, el estado de ánimo y la función autonómica. Tracey (2002) describió el «reflejo inflamatorio», un circuito neural mediante el cual la estimulación vagal suprime la producción de citoquinas proinflamatorias a través de la liberación de acetilcolina y su acción sobre receptores nicotínicos en macrófagos. Porges (2001, 2003, 2007, 2009) desarrolló la teoría polivagal, que articula cómo el sistema nervioso autónomo, y en particular las vías vagales, condicionan las respuestas adaptativas al estrés, regulación emocional y capacidad de participación social. Ambos marcos teóricos han convergido en señalar que el tono vagal (comprendida como la actividad tónica del nervio vago) constituye un indicador fisiológico de resiliencia y salud integral. No se trata únicamente del principal componente del sistema nervioso parasimpático, sino de una vía de comunicación bidireccional que conecta el cerebro con el sistema inmunológico y metabólico. En torno a este tema han convergido dos líneas de investigación complementarias: una que parte de la práctica clínica en psicología corporal y explora cómo restaurar la elasticidad del sistema nervioso mediante métodos naturales, y otra que, desde la medicina bioelectrónica, desarrolla dispositivos de neuromodulación no invasiva y los lleva a la aplicación clínica. Ambas llegan a una conclusión común: la mejora del tono vagal no sólo alivia los síntomas físicos y emocionales del estrés postraumático, sino que también produce efectos medibles sobre la inflamación crónica y los trastornos metabólicos.

 

La huella fisiológica del trauma y su relación con el nervio vago

 

Las experiencias traumáticas dejan marcas en el cuerpo mucho más profundas de lo que tradicionalmente se creía. Los datos epidemiológicos muestran que la pérdida de un ser querido es el evento traumático más reportado, con aproximadamente el 31% de todas las exposiciones traumáticas; presenciar la muerte o lesiones graves de otra persona ocupa el segundo lugar, con cerca del 23%; ser víctima de robo y sufrir un accidente automovilístico grave representan el 14,5% y el 14,0% respectivamente; y las enfermedades o lesiones potencialmente mortales constituyen el 11,8%. El tipo de evento influye directamente en el riesgo posterior de desarrollar trastorno de estrés postraumático (TEPT). Aquellos que se producen por la violencia física repetida (incluidas las experiencias de combate) y la violencia sexual presentan el riesgo más alto, mientras que la pérdida accidental de un ser querido y la exposición indirecta a la muerte ocupan una posición intermedia.

 



 

Desde el punto de vista fisiopatológico, la respuesta aguda al estrés implica principalmente la activación del sistema nervioso simpático con liberación de catecolaminas, así como la activación del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HPA). Sin embargo, en contextos de trauma crónico los cambios son más complejos: se producen alteraciones medibles en las estructuras cerebrales, se desregula la modulación neuroendocrina y se modifican las funciones cognitivas y afectivas. El hipocampo es especialmente sensible al estrés; estudios en animales han demostrado que, tras la exposición al estrés, aparecen lesiones neuronales en la región CA3 del hipocampo y se inhibe la neurogénesis.

 

Estos cambios fisiológicos se correlacionan estrechamente con la reducción del tono vagal. Un tono vagal bajo se asocia con respuestas de estrés más intensas, incluyendo mayor ansiedad, miedo e ira; mientras que un tono vagal elevado se relaciona con una mayor resiliencia al estrés, estabilidad emocional y estabilidad autonómica.

 

La teoría polivagal y su traducción clínica

 

La teoría polivagal ofrece un marco para comprender los mecanismos corporales y psicológicos del trauma. Este enfoque divide el sistema nervioso autónomo en tres niveles: el complejo vagal ventral (responsable de la sensación de seguridad y la participación social), el sistema nervioso simpático (responsable de las reacciones de lucha o huida) y el complejo vagal dorsal (responsable de las reacciones de congelación y apagamiento). Cuando la vía vagal ventral está accesible y activa, el sistema nervioso puede salir de los modos defensivos y crear espacio para la conexión, la elasticidad emocional y un procesamiento más profundo del trauma.

 

El objetivo de la intervención clínica es restaurar la elasticidad fisiológica, favorecer el predominio del nervio vago ventral y permitir que el sistema nervioso pase espontáneamente de un estado defensivo a un estado de seguridad. Las intervenciones guiadas por este marco incluyen: prácticas de respiración y atención plena para activar la interocepción y ralentizar el ritmo vagal; movimiento somático y ejercicio informado sobre el trauma para reconstruir la coordinación entre el cuerpo y el estado autonómico; protocolos de estimulación acústica para reforzar el tono vagal; y la corregulación a través de señales relacionales de seguridad que favorecen la transformación de la neurocepción.

 

Dispositivos y tecnologías de estimulación vagal no invasiva

 

La estimulación del nervio vago (VNS, por sus siglas en inglés) dependió inicialmente de dispositivos implantados quirúrgicamente, utilizados principalmente para el tratamiento de la epilepsia y la depresión resistente al tratamiento. La aparición de la estimulación vagal no invasiva (nVNS) amplió las posibilidades de aplicación clínica y redujo los riesgos. Su mecanismo consiste en aplicar pulsos eléctricos mediante un dispositivo externo en la región cervical o auricular, modulando la actividad nerviosa del nervio vago. Esta estimulación activa núcleos del tronco encefálico e influye en la liberación de neurotransmisores, con efectos terapéuticos sobre la migraña, cefalea en racimos y ciertos trastornos psiquiátricos.

 


Dispositivo gammaCore Sapphire™.

Fuente de imagen: https://www.gammacore.com

 

En cuanto a los dispositivos disponibles, gammaCore es actualmente el producto de estimulación vagal no invasiva más destacado, desarrollado por la empresa electroCore. El dispositivo aplica estimulación eléctrica en la región cervical del nervio vago y ha obtenido múltiples aprobaciones de la FDA. Su trayectoria clínica es significativa: en abril de 2019, el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) proporcionó una vía de reembolso a través del Programa de Productos de Tecnología Innovadora (ITPP) para gammaCore en pacientes con cefalea en racimos refractaria. En octubre de 2020, el programa se prorrogó hasta marzo de 2021. A partir del 1 de abril de 2021, gammaCore Sapphire quedó incluido en la nueva política de reembolso a largo plazo que es el Mandato de Financiación de Tecnología Sanitaria (MTFM) para 2021/22, el cual apoya a los comisionados y proveedores en el uso de dispositivos médicos, diagnósticos y tecnologías digitales aprobados por NICE con eficacia clínica y rentabilidad demostradas. En enero de 2021, NHS Escocia adoptó la recomendación de NICE y recomendó gammaCore para el tratamiento de la cefalea en racimos en NHS Escocia.

 

En el ámbito pediátrico, gammaCore obtuvo la aprobación de la FDA en febrero de 2021 para el tratamiento agudo y preventivo de la migraña en adolescentes de 12 a 17 años. Además, durante la pandemia de COVID-19, el dispositivo recibió una autorización de uso de emergencia para el tratamiento de ataques agudos de asma en pacientes con COVID-19 confirmado o sospechado.

 

La respiración como herramienta precisa de modulación vagal

 

La respiración es uno de los pocos procesos fisiológicos que puede ser tanto autónomo como controlado voluntariamente. Diferentes patrones respiratorios producen efectos distintos sobre el sistema nervioso autónomo. A continuación se describen varias técnicas respiratorias con parámetros concretos:

 

▶       Respiración lenta rítmica (respiración resonante): consiste en respirar a una frecuencia de aproximadamente 6 veces por minuto, es decir, inhalar durante unos 4 segundos y exhalar durante unos 6 segundos, de modo que la frecuencia respiratoria se aproxime a la frecuencia de resonancia del reflejo barorreceptor. Este patrón maximiza la amplitud de la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC), lo que refleja un aumento del tono vagal. La práctica diaria de 10 a 20 minutos permite observar, tras varias semanas, un aumento de la VFC en reposo.

 

▶       Suspiro cíclico (cyclic sighing): se trata de una técnica fisiológica de regulación rápida del estado emocional. La secuencia concreta es la siguiente: inspirar por la nariz, y cuando los pulmones aún no estén completamente llenos, realizar una segunda inspiración corta (doble inspiración); después, exhalar lentamente por la boca hasta vaciar por completo los pulmones. Repetir de 3 a 5 veces produce un efecto de calma perceptible. Esta técnica imita el mecanismo natural del suspiro y reduce rápidamente el nivel de activación simpática.

 

▶       Respiración con exhalación prolongada: la proporción entre inhalación y exhalación puede establecerse en 4:8 (inhalar 4 segundos, exhalar 8 segundos) o con tiempos de exhalación aún mayores. La prolongación de la fase espiratoria activa directamente la vía parasimpática y ralentiza la frecuencia cardíaca. La práctica diaria de al menos 5 minutos permite observar, en pocas semanas, una disminución de la frecuencia cardíaca en reposo y una mayor tolerancia al estrés.

 

▶       Respiración energizante: cuando se necesita aumentar la energía en lugar de relajarse, puede emplearse un ritmo respiratorio más rápido, con inhalación y exhalación de igual duración (por ejemplo, 2 segundos cada una), acompañado de elevación de los brazos. Repetir de 3 a 5 veces produce un aumento perceptible de la alerta y la vitalidad.

 

En la práctica clínica, estas técnicas respiratorias suelen practicarse a diario, y pueden utilizarse en cualquier momento ante situaciones de estrés agudo. Las investigaciones indican que los ejercicios respiratorios, junto con la estimulación acústica, el movimiento consciente y la conexión social, constituyen el conjunto central de herramientas de las intervenciones informadas por la teoría polivagal.

 

Medición del tono vagal y su significado clínico

 

El tono vagal puede evaluarse indirectamente mediante la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC). Una VFC alta refleja el predominio del sistema nervioso parasimpático y la elasticidad autonómica; una VFC baja se asocia con la gravedad de los síntomas de ansiedad, depresión y trastorno de estrés postraumático. En los supervivientes de trauma, la reducción de la VFC es un fenómeno reproducible que refleja la incapacidad del sistema nervioso para recuperarse eficazmente tras el estrés.

 

Las estrategias para restaurar el tono vagal deben ajustarse al estado autonómico actual de cada individuo. Para quienes se encuentran en un estado de hiperactivación, se necesitan estrategias de reducción tales como la respiración lenta, atención plena o ejercicios de conexión con el suelo. Para quienes se encuentran en un estado de fatiga o apagamiento, se requieren estrategias de activación que son el movimiento rítmico, respiración energizante o activación social. Esta distinción es fundamental, ya que una intervención eficaz para un tipo de persona puede producir el efecto contrario en otra.

 

Implicaciones clínicas de una perspectiva integradora

 

El punto de convergencia de ambas líneas de investigación es claro: el nervio vago no es simplemente un “nervio de la relajación”, sino un eje central de la integración cuerpo-mente. El trauma no sólo altera el estado psicológico, sino que deja huellas a nivel celular, afectando la regulación inmunológica, la función metabólica y el equilibrio neuroendocrino. La evidencia clínica sobre la estimulación vagal no invasiva indica que la modulación externa de esta vía puede producir efectos fisiológicos medibles. Los estudios de imagen funcional muestran de forma consistente la activación de núcleos del tronco encefálico tras la estimulación; la evidencia electrofisiológica revela el reclutamiento del nervio vago periférico y respuestas evocadas de conducción central; las investigaciones inmunológicas documentan una supresión reproducible de citoquinas proinflamatorias; y los biomarcadores autonómicos muestran un cambio hacia un mayor tono parasimpático.

 

Estas líneas de evidencia independientes configuran un perfil mecanístico coherente, difícil de explicar por el efecto placebo o por la estimulación muscular superficial. Para los pacientes con estrés postraumático, cefalea crónica, enfermedades inflamatorias y trastornos metabólicos, esto significa que existe una vía de regulación no farmacológica y no invasiva, ya sea mediante técnicas respiratorias precisas o mediante dispositivos de neuromodulación clínicamente validados.

 

© Nikolai Barkov, 2026

 

 

Referencias

 

Atalar, K., et al. (2025). Transauricular vagal nerve stimulation suppresses inflammatory responses in the gut and brain in an inflammatory bowel disease model. Journal of Anatomy, 246(4), 602–615. https://doi.org/10.1111/joa.14178  

 

Balban, M. Y., et al. (2023). Brief structured respiration practices enhance mood and reduce physiological arousal. Cell Reports Medicine, 4(1), 100895. https://doi.org/10.1016/j.xcrm.2022.100895

 

Laborde, S., et al. (2022). Heart rate variability and slow-paced breathing: when coherence meets resonance. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 135, 104576. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2022.104576  

 

Li, J., et al. (2025). Transcutaneous auricular vagus nerve stimulation treatment for erythematotelangiectatic rosacea: A randomized clinical trial. JAMA Dermatology, 161(12), 1229–1237. https://doi.org/10.1001/jamadermatol.2025.3796  

 

Murray, K., et al. (2025). Inhibition of acute lung inflammation by a neuroimmune circuit induced by vagal nerve stimulation. Science Advances, 11(23), eadw7080. https://doi.org/10.1126/sciadv.adw7080  

 

Porges, S. W. (2009). The polyvagal theory: New insights into adaptive reactions of the autonomic nervous system. Cleveland Clinic Journal of Medicine, 76(Suppl 2), S86–S90. https://doi.org/10.3949/ccjm.76.s2.17  

 

Tracey, K. J. (2002). The inflammatory reflex. Nature, 420(6917), 853–859. https://doi.org/10.1038/nature01321  

 

ClinicalTrials.gov. (2026). Non-invasive Vagus Nerve Stimulation (nVNS) for Post-Traumatic Stress Disorder (PTSD) (NCT07523685). https://clinicaltrials.gov/study/NCT07523685  

 

Stanford Health Care. (2025). Stress Management Program (NCT06526585). https://stanfordhealthcare.org/trials/s/NCT06526585.html

 

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